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Larimar: la gema dominicana que conquista mercados globales

  • fussionvipmagazine
  • 23 nov
  • 3 Min. de lectura

El Larimar, piedra azul única de la República Dominicana, se origina en las montañas de Barahona y se ha convertido en un símbolo cultural, económico y turístico del país. Su historia comenzó en 1916, cuando el sacerdote Miguel Domingo Fuertes de Loren descubrió piedras azuladas en la costa, aunque su valor pasó desapercibido por décadas


Por Ysabel Parra

En lo profundo de las montañas de Barahona, donde la tierra parece teñirse del azul del mar Caribe, nace una piedra que no se encuentra en ningún otro lugar del planeta: el Larimar. Esta gema, orgullo natural de la República Dominicana, es más que un tesoro mineral; es un símbolo de identidad, una fuente de desarrollo económico y un poderoso embajador internacional del país.

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La historia del larimar, esa piedra azul que hoy simboliza la identidad mineral de la República Dominicana, tiene un inicio casi legendario. Todo comenzó en 1916, cuando el sacerdote Miguel Domingo Fuertes de Loren, párroco de Barahona, halló en la costa suroeste unas llamativas piedras azuladas arrastradas por el mar. Aquel descubrimiento, sin embargo, pasó prácticamente desapercibido. La pectolita azul, como se le conocía entonces en términos geológicos, no despertó mayor interés científico ni económico.

El padre Fuertes solicitó permiso para explotar el yacimiento, pero las autoridades de la época negaron la concesión. Con escaso apoyo y sin estudios que revelaran el valor real del mineral, la mina quedó abandonada. Así, durante más de seis décadas, el larimar permaneció oculto bajo las montañas de Barahona, esperando a que alguien volviera a mirar hacia sus vetas turquesa.

El renacimiento del larimar ocurrió en 1976, casi como si la piedra hubiera estado esperando el momento exacto para reclamar su lugar en la historia dominicana. Ese año, el artesano barahonero Miguel Méndez decidió seguir las pistas de viejos relatos que hablaban de una gema azul perdida entre ríos y montañas.

El artesano  Méndez, intrigado por relatos antiguos, decidió buscar nuevamente la misteriosa piedra. Con la ayuda del geólogo del Cuerpo de Paz Norman Rilling, logró ubicar la mina y comenzó su extracción. 

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Cada 22 de noviembre, la República Dominicana celebra el Día Nacional del Larimar, una fecha que invita a reconocer el valor cultural, económico y social de esta gema única. Y es que el Larimar no solo embellece joyas: genera empleos, impulsa el turismo, fortalece la artesanía local y se ha convertido en un motor estratégico para las comunidades de Barahona.

Aunque la industria enfrenta desafíos, como la necesidad de mayor tecnificación, fluctuaciones de precios y obstáculos en la comercialización, la piedra sigue consolidándose como un recurso de alto potencial.

En los últimos años, el Larimar ha logrado cruzar océanos y posicionarse en mercados tan exigentes y diversos como Estados Unidos, Alemania, China, Italia, Inglaterra, Argentina, Chile, Portugal y Colombia. Esta expansión internacional ha sido clave para su creciente revalorización.

Productores y artesanos coinciden: la demanda global está empujando los precios al alza y abriendo nuevas oportunidades. Uno de los datos más reveladores es el salto productivo registrado desde 2017: la extracción anual pasó de 300 mil a más de 400 mil libras, multiplicándose por diez en comparación con décadas anteriores. 

Si algo distingue al Larimar es que encarna la esencia misma del país: su mar, su historia, su cultura y la autenticidad de sus tradiciones. Por eso, numerosas instituciones y proyectos vinculados al turismo han decidido adoptarlo como símbolo de identidad.


 
 
 

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